DOMINGO 6. TIEMPO ORDINARIO. CICLO A

“PERO YO OS DIGO”… ¿CÓMO VIVIR EN ALIANZA

¡No basta…!

No vino a abolir la ley. Vino a darle “plenitud”. A llevarla al extremo: “donde realmente importa. En el corazón.”

Porque no basta con “no matar”. Él dice:”¿Y la ira que guardas? ¿El rencor que alimentas?” La verdadera Alianza con Dios empieza ahí: en reconciliarte con tu hermano. Antes que cualquier ofrenda.

No basta con “no cometer adulterio”. La mirada ya puede traicionar la confianza. La Alianza se protege cuidando la intención, desde dentro.

No basta con “no jurar en falso”. En un mundo de palabras vacías, Jesús nos pide algo radical: “Que tu “sí” sea sí, y tu “no”, no.” Que tu palabra sea transparente, porque vives en la verdad. Como dice la Primera de Corintios: “Ni el ojo vio, ni el oído oyó… lo que Dios tiene preparado para los que lo aman”. Eso no es para cumplidores externos. Es para corazones en Alianza.

¿Cumplimos o amamos?

La ley no es una carga. Es la “cláusula de un pacto de amor.” Como un matrimonio: no se trata de no romper las reglas… se trata de amar con todo, hasta en los detalles.

¿Volvemos a ser fariseos? ¿Creyendo que con cumplir listas ya estamos bien? “Jesús nos sacude:” Lo que importa es el “por qué”. ¿Vives cada día en su presencia? ¿Con ese deseo apasionado de hacer su voluntad?

Hoy Él nos dice: “Pero yo te digo”. Nos invita a más. A una Alianza viva. A una libertad que nace de amar su voluntad. No por obligación, sino por pasión.

¿Nos atreveremos a vivir esta plenitud? “No he venido  a abolir, sino a dar plenitud.

José Cristo Rey García Paredes, CMF

DOMINGO 5. TIEMPO ORDINARIO. CICLO A

¡QUE BRILLE VUESTRA LUZ!

Jesús no nos quiere encerrados. Nos lanza al mundo. Porque hay algo dentro de nosotros que tiene que brillar. Y el mundo lo necesita.

¿Cuándo brillamos de verdad? Cuando no somos indiferentes. Cuando la compasión se nos sale por los ojos. Cuando el amor gobierna nuestras relaciones. Cuando nos apasiona la humanidad.

Esa es la luz que vence la oscuridad. Como decía Luther King: “La oscuridad no puede expulsar a la oscuridad; solo la luz puede hacerlo”.

Jesús fue esa Luz. Y nosotros, cuando hacemos el bien, la somos también. Pero atención: Pablo nos advierte. No es nuestra sabiduría la que ilumina. Es la sabiduría de la cruz: humilde, callada, que brilla sin pretenderlo. No se trata de exhibir. Se trata de no ser indiferentes. Como canta León Gieco: “Sólo le pido a Dios que la guerra no me sea indiferente”.

No tenemos vocación de sacristía. Nuestro lugar es la calle, la plaza, la vida. Decía Antonio Machado: “Todo necio, confunde valor y precio”

La sal no vale por su precio. Vale por lo que transforma. Tu amabilidad, tu escucha, tu justicia… son esa sal. Esa luz.

Jesús te pregunta hoy, me pregunta a mí:

¿Tu luz está escondida? ¿O estás dando sabor al mundo?

No nos acostumbremos. Que nuestra vida sea la sal que sale. La luz que brilla. Porque sal y fuego… es Él.

José Cristo Rey García Paredes, CMF

DOMINGO 4. TIEMPO ORDINARIO. CICLO A

¿DÓNDE ESTÁ NUESTRA FELICIDAD?

A veces me pregunto: ¿En qué estoy buscando yo la felicidad? ¿En lo que tengo, en lo que sé, en el reconocimiento?

Las tres lecturas de este domingo (Sofonías, Pablo, y sobre todo Jesús) nos dan un golpe de realidad. Nos recuerdan algo que a menudo olvidamos: Dios no elige lo impresionante. Elige lo que el mundo pasa por alto. Lo débil. Lo que no cuenta.

Jesús, el único Maestro, veía a la gente humilde, a la que sufre, y algo en Él se revolvía. Se llenaba de alegría. En ellos veía un terreno fértil para el Reino de Dios. Por eso subió a la montaña y nos soltó este manifiesto que nos sacude a todos:

“Dichosos los pobres en el espíritu
… los que lloran…
los que tienen hambre de justicia…”

No es un “felices los de allá”. Es un “felices nosotros”, cuando nuestro corazón está ahí”. Cuando dejamos de confiar en nuestras propias seguridades y confiamos solo en Él. Cuando, en nuestra pobreza –que todos tenemos de una forma u otra–, no dejamos de creer que Dios está haciendo algo nuevo.

Pablo nos lo dice claro a comunidades como la nuestra, como en Corinto: “Fijáos bien en vuestra propia asamblea”. Miremos a nuestro alrededor, miremos dentro. ¿No es cierto que Dios actúa precisamente en lo que nosotros despreciamos? En nuestras debilidades, en nuestras limitaciones… y en la gente que pasa desapercibida.

Este texto nos humilla si nos creemos muy listos o importantes. Pero también nos “libera”. Nos dice: “Tu valor no está en lo que tienes o aparentas. Está en que, en tu indigencia, confíes. Y desde ahí, seas misericordioso, pacífico, limpio de corazón”.

Como decía San Agustín: “Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”. Tal vez esa sea la clave. Dejar de buscar la paz donde no está, y encontrarla justo ahí donde Jesús la proclama: en un corazón que se vacía para llenarse de Él.

 
José Cristo Rey García Paredes, CMF
 

DOMINGO 3. TIEMPO ORDINARIO. CICLO A

LA LUZ MISIONERA

Eulàlia Bosch

Eulàlia Bosch

“¡Galilea de los gentiles!”

Así la llamaban con desprecio. Judea era la tierra santa, Jerusalén la ciudad de luz. Galilea era la zona oscura. Pero el profeta Isaías anuncia: ¡Les brilla una luz grande! Dios escoge precisamente la oscuridad para que la luz brille con más fuerza.

Los místicos nos hablan de la “Noche Oscura”. Hemos de pasar por zonas tenebrosas. Pero entonces escuchamos: “Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo”. La luz brilla en las tinieblas. No hay que temer. Es cuando todo está oscuro que la luz puede aparecer en todo su esplendor.

¿Y dónde comienza Jesús su ministerio?

Exactamente ahí: ¡en la tierra de tinieblas! Jesús no es lámpara inmóvil de santuario. Es Luz misionera. Luz itinerante. Por donde pasa, todo se ilumina. Predica la alborada del Reino. Y su luz prende en otros.

Incendia los corazones de Andrés y Pedro, de Santiago y Juan. Por eso dejan padre, redes, familia… y lo siguen. Porque Jesús da sentido a la vida.

Hoy padecemos una enorme falta de sentido.

¿De qué nos sirven certificados de muerte? Jesús y sus discípulos no certificaban la muerte. Iluminaban. Daban vida.

Pablo lo sabía bien. “¿Ha muerto Pablo en la cruz por vosotros?” Qué buena advertencia cuando queremos ocupar puestos de brillo. En la Iglesia no hay estrellas. Estamos llamados a ser una constelación. Quien cultiva su imagen no ama a Jesús. Quien ama a Jesús se oculta como humilde siervo.

Porque sólo Jesús es la Luz del mundo. No hay servicio mejor que ser misionero. Llevar por todas partes la luz que es Jesús. Su ansia: que todo arda, que todo esté iluminado. La misión es como construir un gran cableado hasta los últimos rincones de la tierra. Para que nadie quede a oscuras. Porque la luz no es nuestra. Es Luz del Mundo. Y el mundo la necesita. ¡Nosotros también!

José Cristo Rey García Paredes, CMF