DOMINGO 1. CUARESMA. CICLO A

¡EL ALIENTO Y EL HAMBRE”

Al principio, Dios nos dio su propio aliento. Neshamá, lo llama el Génesis. Vida íntima, compartida, respirada directamente de su boca a la nuestra. Pero nos dio hambre. Hambre de ser dioses. Y cambiamos el aliento por el fruto prohibido. Dejamos de respirar con Él… para morder por nuestra cuenta.

Esa misma hambre persigue a Jesús en el desierto. “Convierte las piedras en pan”, le susurra el tentador. “Satisface tu hambre a tu manera. Exige certezas. Controla tu destino.” Es el menú de siempre: cambia el Aliento por la Autogestión. Cambia la confianza por el control.

Pero Jesús redefine el hambre. Tiene hambre real. Hambre física. Hambre de certezas. Y… aun así, responde: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” Él, que ES la Palabra hecha carne, prefiere morir de hambre antes que vivir de cualquier pan que no sea la voluntad de su Padre. Él respira. Se alimenta del Aliento. Y desde ahí, su “No” al demonio es un “Sí” inmenso a la intimidad con el Padre.

Adán y Eva: expulsados del Paraíso que les fue dado. Jesús: desde el desierto mismo, comienza la reconstrucción del mundo. Misma prueba. Resultados opuestos. Ellos eligieron morder. Él eligió respirar.

Y la Cuaresma nos pregunta hoy: ¿De qué tenemos hambre realmente? ¿Estamos intentando convertir piedras en pan? ¿Exigiendo señales, seguridades, atajos divinos a nuestra medida? ¿O estamos aprendiendo, en el desierto de nuestras limitaciones, a vivir del puro Aliento de su Palabra… aunque no calme inmediatamente todos nuestros apetitos?

El camino no es tener más respuestas. Es aprender a respirar distinto. A confiar. A dejar que su Aliento sea tu alimento. “No solo de pan…” Es la dieta de la confianza, la que nos devuelve al Jardín, al Paraíso.

José Cristo Rey García Paredes, CMF

 

¡Aliento y Palabra! (canción)

No solo de pan, Señor, respiro en tu voluntad,
hambre de tu aliento tengo, no de piedras ni de sal.
Devuélveme al Jardín perdido, donde tu voz es mi maná,
que yo prefiera en mi desierto tu Palabra y nada más.

[Estrofa 1]
Al principio fue tu aliento, brisa pura de Neshamá,
y cambiamos boca a boca por el fruto y su ansiedad.
Por morder nos fue echando el día claro del hogar,
se nos secó entre los labios la confianza y la verdad.
[Estrofa 2]
Tú, Jesús, en la arena dura, con la noche por mantel,
tuviste hambre de certezas, de un camino sin porqué.
Mas dijiste en voz de pobre: «Padre, tu querer es pan»,
y al negarle al tentador el bocado, le dijiste sí a tu Dios.
[Chorus]
No solo de pan, Señor, respiro en tu voluntad,
hambre de tu aliento tengo, no de piedras ni de sal.
Devuélveme al Jardín perdido, donde tu voz es mi maná,
que yo prefiera en mi desierto tu Palabra y nada más.

[Estrofa 3]
Hoy la Cuaresma nos mira: «¿De qué hambre vivirás?»,
si de atajos y señales o del soplo que se da.
Aprender es otro aire, otro modo de esperar:
que tu Aliento sea alimento y nos vuelva al Paraíso, al hogar.

[Chorus]
No solo de pan, Señor, respiro en tu voluntad,
hambre de tu aliento tengo, no de piedras ni de sal.
Devuélveme al Jardín perdido, donde tu voz es mi maná,
que yo prefiera en mi desierto tu Palabra y nada más.

DOMINGO 6. TIEMPO ORDINARIO. CICLO A

“PERO YO OS DIGO”… ¿CÓMO VIVIR EN ALIANZA

¡No basta…!

No vino a abolir la ley. Vino a darle “plenitud”. A llevarla al extremo: “donde realmente importa. En el corazón.”

Porque no basta con “no matar”. Él dice:”¿Y la ira que guardas? ¿El rencor que alimentas?” La verdadera Alianza con Dios empieza ahí: en reconciliarte con tu hermano. Antes que cualquier ofrenda.

No basta con “no cometer adulterio”. La mirada ya puede traicionar la confianza. La Alianza se protege cuidando la intención, desde dentro.

No basta con “no jurar en falso”. En un mundo de palabras vacías, Jesús nos pide algo radical: “Que tu “sí” sea sí, y tu “no”, no.” Que tu palabra sea transparente, porque vives en la verdad. Como dice la Primera de Corintios: “Ni el ojo vio, ni el oído oyó… lo que Dios tiene preparado para los que lo aman”. Eso no es para cumplidores externos. Es para corazones en Alianza.

¿Cumplimos o amamos?

La ley no es una carga. Es la “cláusula de un pacto de amor.” Como un matrimonio: no se trata de no romper las reglas… se trata de amar con todo, hasta en los detalles.

¿Volvemos a ser fariseos? ¿Creyendo que con cumplir listas ya estamos bien? “Jesús nos sacude:” Lo que importa es el “por qué”. ¿Vives cada día en su presencia? ¿Con ese deseo apasionado de hacer su voluntad?

Hoy Él nos dice: “Pero yo te digo”. Nos invita a más. A una Alianza viva. A una libertad que nace de amar su voluntad. No por obligación, sino por pasión.

¿Nos atreveremos a vivir esta plenitud? “No he venido  a abolir, sino a dar plenitud.

José Cristo Rey García Paredes, CMF

DOMINGO 5. TIEMPO ORDINARIO. CICLO A

¡QUE BRILLE VUESTRA LUZ!

Jesús no nos quiere encerrados. Nos lanza al mundo. Porque hay algo dentro de nosotros que tiene que brillar. Y el mundo lo necesita.

¿Cuándo brillamos de verdad? Cuando no somos indiferentes. Cuando la compasión se nos sale por los ojos. Cuando el amor gobierna nuestras relaciones. Cuando nos apasiona la humanidad.

Esa es la luz que vence la oscuridad. Como decía Luther King: “La oscuridad no puede expulsar a la oscuridad; solo la luz puede hacerlo”.

Jesús fue esa Luz. Y nosotros, cuando hacemos el bien, la somos también. Pero atención: Pablo nos advierte. No es nuestra sabiduría la que ilumina. Es la sabiduría de la cruz: humilde, callada, que brilla sin pretenderlo. No se trata de exhibir. Se trata de no ser indiferentes. Como canta León Gieco: “Sólo le pido a Dios que la guerra no me sea indiferente”.

No tenemos vocación de sacristía. Nuestro lugar es la calle, la plaza, la vida. Decía Antonio Machado: “Todo necio, confunde valor y precio”

La sal no vale por su precio. Vale por lo que transforma. Tu amabilidad, tu escucha, tu justicia… son esa sal. Esa luz.

Jesús te pregunta hoy, me pregunta a mí:

¿Tu luz está escondida? ¿O estás dando sabor al mundo?

No nos acostumbremos. Que nuestra vida sea la sal que sale. La luz que brilla. Porque sal y fuego… es Él.

José Cristo Rey García Paredes, CMF

DOMINGO 4. TIEMPO ORDINARIO. CICLO A

¿DÓNDE ESTÁ NUESTRA FELICIDAD?

A veces me pregunto: ¿En qué estoy buscando yo la felicidad? ¿En lo que tengo, en lo que sé, en el reconocimiento?

Las tres lecturas de este domingo (Sofonías, Pablo, y sobre todo Jesús) nos dan un golpe de realidad. Nos recuerdan algo que a menudo olvidamos: Dios no elige lo impresionante. Elige lo que el mundo pasa por alto. Lo débil. Lo que no cuenta.

Jesús, el único Maestro, veía a la gente humilde, a la que sufre, y algo en Él se revolvía. Se llenaba de alegría. En ellos veía un terreno fértil para el Reino de Dios. Por eso subió a la montaña y nos soltó este manifiesto que nos sacude a todos:

“Dichosos los pobres en el espíritu
… los que lloran…
los que tienen hambre de justicia…”

No es un “felices los de allá”. Es un “felices nosotros”, cuando nuestro corazón está ahí”. Cuando dejamos de confiar en nuestras propias seguridades y confiamos solo en Él. Cuando, en nuestra pobreza –que todos tenemos de una forma u otra–, no dejamos de creer que Dios está haciendo algo nuevo.

Pablo nos lo dice claro a comunidades como la nuestra, como en Corinto: “Fijáos bien en vuestra propia asamblea”. Miremos a nuestro alrededor, miremos dentro. ¿No es cierto que Dios actúa precisamente en lo que nosotros despreciamos? En nuestras debilidades, en nuestras limitaciones… y en la gente que pasa desapercibida.

Este texto nos humilla si nos creemos muy listos o importantes. Pero también nos “libera”. Nos dice: “Tu valor no está en lo que tienes o aparentas. Está en que, en tu indigencia, confíes. Y desde ahí, seas misericordioso, pacífico, limpio de corazón”.

Como decía San Agustín: “Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”. Tal vez esa sea la clave. Dejar de buscar la paz donde no está, y encontrarla justo ahí donde Jesús la proclama: en un corazón que se vacía para llenarse de Él.

 
José Cristo Rey García Paredes, CMF